viernes, 1 de abril de 2011
... que un beso puede cambiarlo todo...
La noche era cálida, el cielo estaba lleno de estrellas, una gorda y redonda luna se reflejaba en las quietas aguas. Ahí sobre una piedra estabas sentado a mi lado, mirabas hacía el horizonte y yo no podía dejar de mirarte. El silencio reinaba, solo escuchaba el leve viento, el sonido del agua. El aire era puro y no recuerdo haber sentido tanta paz en mi vida como en aquel momento... tú sonreías, yo te contemplaba y miraba el encantador paisaje. Pasaron varios minutos, pasaron varias horas, en la quietud del momento sentía también tu mirada cuando yo tenía clavada la mía en el reflejo de la luna sobre el agua. Este momento lo recuerdo con tanta claridad como si lo estuviera viviendo en este instante. Por fin nuestras miradas se cruzaron, tus ojos brillaban en gran manera, una sonrisa disimulada salió de tus labios... tus labios profundos en los que me he perdido muchas veces se acercaron a los míos ... un beso como ningún otro beso en mi vida llenó mi alma de luz. El beso de tus labios me llevó al paraiso, a un lugar desconocido donde solo éramos tu y yo... Después de ese beso no he podido dejar de besarte, después de ese beso no he podido dejar de amarte.
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