domingo, 10 de julio de 2016

Sim city

Cuando despertó, el hombre estaba parado en medio del caos. Mirara hacia donde mirara sólo había destrucción, la ciudad estaba literalmente en llamas, había fuego, polvo y sangre entre otras cosas. Los gritos de la gente llegaban de manera sorda. Su visión estaba nublada. Un cielo entre azul y naranja oscurecía los edificios que desprendían humo, un entorno grisáceo terminaba de adornar aquel escenario que para aquel hombre era taciturno.

Sus pies caminaban hacía las oscuras calles con edificios cubiertos de hollín, su mente estaba vacía, su mirada inexpresiva... sin voz y como un autómata caminaba hacía la oscuridad de aquellas calles tenebrosas, aquellas calles inundadas de muerte y desolación, sin embargo a ese hombre no le importaba.

Llegó a un callejón sin salida, se detuvo allí y se quedó un tiempo (no se sabe si fueron horas, minutos o segundos) inmóvil frente a la pared ... Durante este trayecto no había cerrado sus ojos ni siquiera para parpadear, sin embargo, en ese momento, una voz, en lo más recóndito de su mente le sugirió parpadear y así lo hizo... luego de ese pequeño parpadeo su cerebro pareció activarse... los ruidos dejaron de ser sordos y llegaron con toda claridad, su visión dejó de ser difusa, sintió la saliva en su boca, la resequedad de su piel y ardor en los ojos debido al humo ocasionado por el colosal incendio.

A su mente llegaron pronto los recuerdos, ¿qué ocasionó la destrucción de la ciudad? ¿cómo ocurrió? y ¿porqué estoy vivo?..

El hombre recordó la pequeña cerilla que tenía guardada. El hombre se dio cuenta que quien creó la ciudad, sus habitantes y todo lo demás que había en ella, fue quien decidió su destino... encendió la cerilla y la puso dentro de la caja de zapatos donde estaba su más preciada creación.