Con todo esto a lo que voy es que si recapitulo lo que ha sido este capítulo de mi vida que hemos estado juntos, si lo recapitulo muy bien, con sus picos y sus valles... me doy cuenta que siempre has estado ahí, siempre me has apoyado. Tu apoyo para mí no ha sido el de simplemente la palmada en el hombro, sino que ha ido mucho más allá. No sé cómo expresar lo que significa que aunque la vida, el destino o como quiera que se llame, ha impuesto una distancia entre los dos bastante significativa, has estado cerca de mí, sobre todo en los últimos tiempos críticos y difíciles de mi vida, tu apoyo ha sido muy significativo, de hecho, en muchos instantes ha sido fundamental y muy necesario.
Eres el compañero de vida ideal, ya que uno en los momentos difíciles tiende a perder la calma, a perder el control. Tú sólo me escuchas, me sostienes de manera metafórica la mano y con esa calma, con tu paciencia, con esa bondad das calma al entorno para que yo me dé cuenta que las cosas no son tan graves como las imagino. Eso es sabiduría, porque a pesar de que hay quietud y silencio, también sé que estás ahí y no necesitas estar físicamente a mi lado para saber que estás ahí, tus actos hablan por sí solos y te lo agradezco. Después, cuando todo pasa una sonrisa tuya y el brillo de tus ojos son suficientes para continuar el camino y haces que yo sonría sin razón alguna durante uno o varios días y eso pasa porque así son algunas cosas del amor, cursis... no tengo una explicación lógica a tal argumento.
Quiero exaltar tu sabiduría, el hecho de que eres una persona excepcional y que has representado para mí muchas cosas hermosas en la vida, no sólo en cuanto al corazón, sino también en cuanto al desarrollo personal se refiere... Sé a ciencia cierta que pase lo que pase entre los dos, siempre tendré un recuerdo admirable acerca de ti y ese recuerdo habitará no sólo en mi mente, sino también en mi corazón.
