lunes, 29 de junio de 2015

La escalera de espiral

Para mí la vida tiene dos formas de vivirla: una de ellas es que algunas veces, uno es quien construye su destino y otras veces, la vida es como una gran ola que lo lleva a uno por donde uno debe andar.

Hace muchos años atrás, yo estaba en la cocina de la casa, con un cuchillo en la mano y me lo coloqué en la muñeca, quería terminar con todo. Nada en la vida tenía sentido... pero "algo" y yo sé que ese "algo" fue Dios no permitió que lo hiciera. Porque yo le decía a Dios que hiciera algo para evitar que yo llevara a cabo ese acto... la verdad imaginé que iba a entrar una luz resplandeciente, un ser supremo de vestiduras y barbas blancas a decirme "por favor hija mía, no lo hagas, te amo". Nada de eso sucedió, lo que pasaba era que una fuerza evitaba que yo hundiera el cuchillo, una fuerza evitó que yo agarrara una cantidad de pastillas y me las tragase. Sentí algo en mí que evitó que yo tomara esa decisión y no fue algo extraordinario, fue algo muy interno, muy íntimo, muy oculto, fue algo dentro de mí. Al dejar el cuchillo me fui a acostar a dormir, al otro día me levanté e hice lo de todos los días, pero algo en mi vida había cambiado.

Siempre examino mi vida y veo que en un principio estaba destinada a ser algo que nunca permití que fuera, si yo me hubiera dejado llevar por el destino, estas letras no existirían y no existiría la persona que hoy está escribiéndolas. Realmente sería otra. Unas veces me dejé llevar por esa corriente, pero cuando empecé a luchar por mi vida y digo vida como una identidad, empecé a tener problemas serios. La vida desde ese entonces se volvió una aventura con amigos y pocos enemigos pero muy poderosos, pero lo más aterrador fue darme cuenta que el principal obstáculo lo había estado colocando yo misma durante años y que yo era dual: el héroe y el villano. 

En fin, lograr una identidad no ha sido fácil, para nadie es fácil cuando uno quiere salirse de los parámetros no solo de la sociedad sino de una vida que parecía estar escrita muy cuidadosamente. Durante años vi que podía tergiversar el camino de mi vida hacía los senderos donde yo quería que ésta fuera, sin embargo, en un día como hoy siento que terminé un camino y no sé por dónde empezar uno nuevo, aunque realmente sé lo que quiero hacer, y ha sido difícil ya que yo he sido desde hace más de diez años la dueña, señora y constructora de mi propia vida. Ahora no sé qué hacer aunque sé lo que no quiero hacer.

Siendo optimista, como siempre, quiero pensar y convencerme de que esta es una nueva forma de lucha, de la cual, como en muchas cosas que han pasado últimamente en mi vida, hay lecciones que aprender, ya que yo creía que lo sabía todo acerca de mi vida. Desde hace cuatro años me he tropezado y hasta ahora lo estoy socializando, que uno no lo sabe todo acerca de uno mismo. Volviendo al optimismo objetivo, pues lo bueno es que la cosa no termina y que el saber que uno no lo sabe todo es un buen motivo para la existencia, una muy buena motivación para seguir peleando contra la corriente, para seguir levantando los muros y principalmente para que la vida no se vuelva un círculo y un escrito donde uno sabe qué va a pasar mañana, sino un universo de nuevas sorpresas por temporada.

Desde hace días me di cuenta que en la vida existen varios círculos y esos círculos son las situaciones que uno vive por una temporada de tiempo; esos círculos son la monotonía de ciertas situaciones. Me di cuenta que a veces es dura decisión salir de algunos círculos y empezar a caminar por una escalera de espiral para salir de allí...

lunes, 15 de junio de 2015

Caja de zapatos...

Desde que era niña, tenía un cajón donde guardaba todo aquello que reflejara algo de su personalidad. Sobre todo, le gustaba guardar lo que reflejara la parte dulce y tierna de su personalidad. Al pasar el tiempo, empezó a aprender de la vida, que esa parte tierna, dulce, y pura de su personalidad, en una palabra, la inocencia, le era arrebatada violentamente por personas y circunstancias que pasaban en la vida. A pesar de todo, en el cajón siguió guardando aquellas cosas que a su juicio, le representarían mejor. A veces, a la hora de hacer la 'limpieza', examinaba cuidadosamente qué cosas se habían convertido con el paso de los años en basura y así iba depurando su cajón, hasta que quedaron pocas cosas.

A medida que pasaba el tiempo, menos cosas fueron a dar al cajón. Se dio cuenta que cada vez que quería luchar por mantener algún espacio de su vida intacto, sin mancha alguna o completamente virgen, esto le era arrebatado de la forma más violenta. Entonces decidió no seguir luchando en una serie de batallas que la llevarían a la derrota. Nadie se conserva cien por ciento puro en esta vida, esa fue la lección que le dio la vida y con la que alzó los brazos en señal de derrota. Así, es posible, que el cajón dejara de acumular más cosas.

Fue pasando el tiempo y el cajón quedó en el olvido, ya eran otras luchas las que tenía que enfrentar y las enfrentó, algunas batallas las ganó y otras las perdió, sin embargo, de todas aprendió algo. Era fuerte y lo que menos le interesaba era el pasado, al que veía de alguna forma con desdén.

Por esas cosas que pasan en la vida, un día mientras arreglaba cosas se encontró con ese cajón y dos pequeñas bolsas que mostraban su pasado. Estuvo a punto de botarlas, sin mirarlas siquiera, pero algo dentro de sí no quería hacerlo. Miró por encima aquellas bolsas y recordó vagamente lo que guardaba ahí. Se dio cuenta que aquellas cosas eran el reflejo de una personalidad que una niña estaba tratando de forjar: una época de la vida donde la misma vida fue lo bastante cruel como para matar o fortalecer. Esas dos bolsas y su contenido eran el símbolo de una época de sufrimiento pero se dio cuenta que esa época fue el inicio para una vida mejor. Por eso decidió guardar las dos bolsas donde la gente habitualmente guarda lo simbólico de su pasado, en una caja de zapatos.

domingo, 14 de junio de 2015

Generaciones de infelices

Seguramente era hacia finales de los años 30 o principios de los años 40. Era una pequeña familia de campo: padre, madre y una hija adolescente. Un buen día, un hombre llegó a la casa de la pequeña familia y con artimañas sedujo a la joven y la dejó embarazada.

Esta joven mujer tuvo un hijo y sus padres con el fin de ocultar la vergüenza que implicaba que su hija tuviese un hijo sin estar casada lo adoptaron como hijo haciéndolo pasar en sociedad como hermano de dicha jovencita. Años después un hombre honesto se casó con esta dama y él nunca supo que ella había tenido un hijo... o tal vez no lo quiso saber.

Los años fueron pasando, este hijo creció y fue adulto. Por razones que desconozco el hijo siempre supo que ella era su mamá y siempre vivió cerca de ella. En pocas ocasiones le decía 'mamá' cuando no estaba el esposo, le decía 'mamá' bajando la cabeza y sólo dejaba escapar un delgado hilo de voz cuando se dirigía a ella de esta forma. Para él supongo yo, debió ser muy difícil encontrar una forma con la que se sintiera cómodo al dirigirse a ella sin incomodar a nadie.

Este hijo sin duda fue un hijo rechazado desde el momento en que fue concebido.

Años después este hombre, quien se forjó como un hombre noble y honesto, conoció a una mujer que era madre soltera de un niño. Una mujer hermosa, valiente y a mi parecer era una mujer adelantada a su época. Este caballero aceptó casarse con esta dama, reconociendo así al hijo natural como hijo propio. Y así lo hizo. Era tanto que para este muchacho fue muy impactante el día que encontró su acta de nacimiento y se dio cuenta que no era hijo de quien él llamaba 'papá'.

Este matrimonio tuvo un tanto más de hijos varones y una sola hija mujer. La madre de la familia era quien llevaba las riendas del hogar y la actitud del esposo era siempre la misma, su actitud era noble, pero se notaba que no tenía cabida ya que no tenía ni voz, ni voto. Era visto como un don nadie llenos de defectos. Sin embargo, el matrimonio duró hasta que la muerte los separó. Tuvieron hijos, nietos y hasta bisnietos.

Al repasar la vida de este noble caballero, uno podía ver que no era feliz, aunque nunca fue amargado, rencoroso, violento. Todo lo contrario, nunca maltrató a sus hijos de ninguna manera, siempre fue el sustento económico de su casa.

Recuerdo que cuando era niña él tenía un perro, era un perro grande, dorado e igual de noble a él y fue su más fiel amigo. Creo que en ese tiempo de su vida un destello de felicidad se podía ver en sus ojos, sobre todo cuando el perro daba muestras de cariño y afecto a su amo. Otro instante de felicidad que recuerdo fue un día que fuimos a un paseo en tierra caliente y un grupo de la familia lo elogió por su forma de vestir. Recuerdo su sonrisa. El resto de su vida se refugió en el alcohol, criticado por su forma de beber pues ninguno logrará entender a ciencia cierta qué pasaba por su corazón. Pero haciendo un análisis muy superficial de su vida, es evidente que la respuesta es la infelicidad.

Su única hija fue obligada al parecer, a casarse con un hombre que le doblaba la edad cuando ella tenía apenas 14 años. Ella estuvo embarazada tres veces y perdió a dos de sus hijos, uno por negligencia propia y otro por una terrible enfermedad. Ambos siendo bebés. La hija era el alma de la fiesta, era aparentemente una persona alegre, hacía bromas, se reía con todo el mundo, le gustaban las fiestas y bailar. Le gustaba pintarse el cabello, maquillarse y vestirse con colores alegres. Sin embargo, también tenía un severo problema de alcohol y cigarro y esto fue lo que posiblemente a una temprana edad produjo su muerte.

Hoy los recuerdo, recuerdo a mi "abuelo paterno" y a mi tía. Pensaba que cuando era una niña no entendía la complejidad de la historia (aún no la entiendo), cuando ya crecí y conocí la historia por encima, entendí que ellos fueron infelices en su vida y pensaba antes que su infelicidad se debía a la época en la que nacieron.

Veo una época nueva con grandes oportunidades para ser feliz, sin embargo, sigo viendo gente casada con quien no los quiere, haciendo cosas que no desean hacer, llevando una vida que otros le imponen, estudiando carreras que no les gusta, haciendo un trabajo que odian, etc. Y pienso que lo que antes pensaba acerca de que en las épocas antiguas no habían oportunidades, es un velo que oculta que realmente la infelicidad no tiene que ver con la época sino con las personas.

La infelicidad personal existe no porque no existan oportunidades, sino porque no hay valor propio. Si uno se amara realmente lucharía por no hacer cosas con las que uno no está de acuerdo, así dichas cosas vayan con lo que la sociedad tiene premeditado. Porque no todo lo que la sociedad nos impone es lo que debemos hacer. Porque en la vida no hay un manual exacto que dictamine cómo deben vivir todos los seres humanos. Nos dicen a cada rato qué camino tomar, qué hacer y sobre todo nos dicen que si otro nos acepta en su vida así no haya amor, hay que aceptar lo que nos ofrezca, así sea con desamor, con desprecio incluso; porque nos da miedo quedarnos solos, sin piso, dejar años de nuestra vida atrás y empezar a ser felices realmente.

Seguimos siendo una generación de infelices, aunque tenemos todos los medios a la mano para ser verdaderamente felices.