miércoles, 6 de agosto de 2014

... la arena está muy caliente

Hacia días que estaban encerrados en el hotel y sólo miraban el mar desde el balcón. Realmente durante esos días el mundo importaba poco o para ser más exacto importaba nada, no existía. Sin embargo, esa tarde era el día en el que caminarían por la playa al lado del mar.

Desde la mañana ella miraba el mar desde el balcón de su habitación mientras él terminaba de alistarse. Ella no pudo dormir mucho la noche anterior imaginando cómo sería ese momento de pisar la arena blanca y empezar a caminar tomada de su mano. Llegó el momento indicado cuando él dijo "vamos ya", ella agarró su bolso y salió apresurada de la habitación, él un poco más calmado agarró las llaves, un poco de dinero y salió detrás de ella.

Desde el final del pasillo ella lo miraba impaciente, con su mirada le decía "apúrate", él caminó rápidamente hacía ella y tomó su mano, se la entrelazó, ella quería seguir caminando pero él la detuvo suavemente, la miró fijamente y le dio un beso en la mejilla, ella sonrío y lo miró, miró ese rostro tranquilo, sereno y extremadamente sonriente, ella quería devolverle el beso, quería besarlo en la mejilla pero él la sorprendió con un beso en los labios.

Salieron, el radiante sol pegó fuertemente en sus ojos que tuvieron que cubrirlos con las manos hasta que poco a poco se fueron acostumbrando. Era una ciudad llena de luz, color y sobre todo alegría, la gente se movía rápida y enérgicamente por las calles, al frente tenían el tan esperado mar.

Ella empezó a correr obligando a su compañero a hacer lo mismo. Debe decirse que los dos eran contemplativos a su manera. Ella tenía una forma de percibir el mundo tan extraña, ella no necesitaba mirar con detenimiento las cosas para encontrar en éstas hasta los más mínimos detalles, por eso ella parecía impaciente por explorar el mundo que le rodeaba. Él era el contemplativo pasivo, aquel que temía perder algo fantástico en el microuniverso de las cosas que observaba, él era quien aguardaba, esperaba.

Antes de pisar la arena ella se quitó los zapatos y empezó a correr hacía el mar, él la miraba y empezó a observar que ella levantaba sus pies mientras decía "Ay, la arena está muy caliente" ...

sábado, 2 de agosto de 2014

... lo que amo, lo que odio y otras cosas

Desde un tiempo para acá empecé a ver con "algo de preocupación" pero también con algo de alivio que hay cosas que realmente me gustan de mí misma, sin ánimo de sonar algo narcisista. Recuerdo que desde siempre me ha costado confiar en mi propio criterio, ver con otros ojos las cosas que yo hago, por miedo a parecer maleducada o algo altanera, pero como lo he dicho, desde hace algún tiempo he ido quitando el velo que están entre las cosas que hago y yo, a veces cuesta y es hasta doloroso, a veces no.

Lo que más me gusta es quitar el velo entre lo que escribo y yo, me cuesta leer un escrito recién hecho, pero con el paso del tiempo lo leo, lo disfruto y llego incluso a sentir que es otro el que me cuenta lo que yo he vivido y es una experiencia fascinante. Sin embargo, siento que he quedado con el chip de que todo lo que hago vale menos de lo que es, aunque algo por dentro me grita que eso es una gran mentira. La ambivalencia hace parte de mi vida.

La característica de estar quitando los velos de mi vida, que cubren las facetas más interesantes de mi vida, es algo que amo muchísimo de mi personalidad. Mi vida se ha convertido de un tiempo para acá en un continuo crecer, en un cambio constante y de la que no sé en absoluto qué irá a pasar al día siguiente. Para mí las agendas no existen, un día planeado a plenitud no ha pasado por el camino de mi vida, he tratado pero he peleado esa batalla, todos mis planes cambian constantemente. Mi vida no es tal y como yo la imaginaba hace unos años, hace algunos meses e incluso hace algunos días, sin embargo, no me debato en la indecisión, considero que mi carácter me ha dado las pautas para tomar decisiones importantes en mi vida.

Lo que odio es pensar en las consecuencias de una decisión tomada y que a veces esos pensamientos se conviertan en un obstáculo para disfrutar de un momento. Odio los pensamientos que vienen como una lanza y atacan mi mente sin más y más, pero lo que amo es que mi mente se vuelve analítica, revisa los acontecimientos y da salidas propicias a una situación que bien podría quitarme el apetito (cosa bastante grave). Amo aplicar algo así como el método científico a mi propia vida, esas cosas sirven de verdad.

Amo el rumbo que van tomando las cosas, amo que mi vida no ha llegado a su fin, amo que yo soy quien coloca los ladrillos de la misma, quien construye el camino, quien escribe la historia y amo saber que esta historia se escribe día a día y casi siempre me trae una sorpresa consigo.